Hace ya algún tiempo en Andalucía se hizo la Expo’92, lo que luego se llamo Ruina’93. Por esos años yo era un joven muchacho andaluz que vivía con mi abuela y que pasé dos veranos allá por Chiclana. El primer verano, fueron una sucesión de días, noches sin mayores anécdotas, Mi único amigo era un tal Alberto que era hijo de unos compañeros de mis padres. Tanto esos seres humanos como mis progenitores, decidieron dar el salto desde Mallorca hasta esas tierras gaditanas. Al final todo salio rana.
Al año siguiente volví a aquella urbanización, La Almadraba, creo recordar que se llamaba y el tal Alberto que vivía allí todo el año, se hizo amigo de una serie de personas y por ende yo acabé formando parte de esa “pandilla”
No recuerdo muy bien el nombre de la gente, aunque si las profesiones de sus padres. Abogados, médicos, incluso había un ingeniero de caminos. Haciendo memoria mientras escribo esto me vienen a mi cabeza andaluza (y grande) Rosalía, Javier, Juanjo, las hermanas Nazareth y Estrella, Rubén… En fin
Ese verano fue un verano maravilloso. Sin lugar a dudas uno de los mejores de mi vida. No trabajaba, no estudiaba, iba todos los días a la misma heladería a comprarme un helado de Frambuesa y Limón, y me compré mi primera revista de coches, que todavía conservo como casi todas las que he comprado. Aprendí que en Cádiz, los coches de choque se llaman Coches-tropezones y que una socorrista guapa y cordobesa podía hacerse amiga de un niñatillo un poco más joven que ella y acabar escribiéndose cartas. No muchas, la verdad, pero también las conservo. Ahora con tanto feisbuk, tanto tuiter y tanta internet, la magia de las cartas manuscritas se ha perdido. Aunque yo todavía intento recuperarla de vez en cuando. Lee más »