
Es lo que tienen estos domingos de invierno, en los que uno se merece un buen descanso. Quizás sea el único momento en el que devoro de manera compulsiva la triste y lamentable programación que nos ofrecen los múltiples canales de la TDT, siempre y cuando no haya una pequeña brisa, ya que en ese caso se va la señal. Imagínense, si llueve o hace viento… en fin.
Mis preferidos son esos de Mega construcciones, o algún programa de viajes, o incluso uno de Videojuegos, pero lo que realmente busco son programas de coches aunque sean malos de verdad.
Hoy casi termino de ver uno en el que dos actores de Hollywood se recorren el mundo en sendas BMWs, el programa en si no está mal. Lo triste es que en vez de ser un programa de motos o mostrarnos sitios lejanos y recónditos para nuestra estancada mentalidad europea, los muy simpáticos de los protagonistas están haciendo un programa sobre su ego y sobre lo guays que son.
El dentonante de que haya apagado la televisión con un monumental cabreo tanto de mi parte como de los demás integrantes del salón de mi casa, es decir, mi novia formal y mi Winnie The Pooh gigante, ha sido que estos dos despreciables seres humanos han sido invitados a pasa la noche en casa de un comerciante de aparatos eléctronicos en Ucrania, y lo único que hacían los dos “civilizadados” era mofarse de ellos a las cámaras cuando sus anfitriones no estaban presentes. Se quejaban de que tenían armas y que el tío tocaba la guitarra. No es que esté a favor de tener un calasnicof en casa, pero joder, que os han abierto las puertas de su casa y os ha ofrecido comida, cama e higiene. Lee más »