Menorca y Coca-cola

menorcaDesde la ventana del barco se veía el sol redondo, grande y naranja que se escondía  detrás del mediterráneo. En la mesa compuesta por cinco Garcías daba buena cuenta de un sabrosísimo arroz a la cubana y una coca-cola bien fría. El día estaba llegando a su fin pero a mi me quedaban 4 horas para llegar a casa.

15 horas antes sonó el despertador. Con todo preparado y sin ganas de salir de la cama empezaba un viernes que iba a ser largísimo. Tenía que llegar a Binissalem, cruzarme toda la isla con un camión que esta bastante estropeado y después cruzar un tramo de Mediterráneo con destino a Menorca, cargado de Coca-Colas, fantas de limon, fantas de naranja y demás productos de la misma marca. Después tenía que cargar plástico en un lugar desconocido y regresar, todo esto por una naviera que no es la mejor del mundo y donde la ambilidad de su tripulación y la calidad de sus menús están más abajo que el Titanic. En el puerto de Alcudia estaba apartado del resto del pasaje, ya que no había sitio seguro para mi y mi vehículo, el barco sólo disponía de 10m libres en la bodega y el camión mío medía 16.75, así que tuve que esperar hasta el último momento. El desayuno estuvo bastante bien, un bocadillo de jamón york, una coca-cola Zero y un cortadito, luego un rato de charla con los compañeros camioneros del lugar. Algunos veteranos, otros asíduos y yo que iba muy esporádicamente en esa ruta. Es lo que tiene vivir en una isla, que todo el gremio te conoce. Después de explicarme donde debía ir a cargar los plásticos me fuí a ver EL GUERRERO Nº13, que no sé por qué me encantan todas las películas de Antonio Banderas, y esta tenía ganas de volverla a ver. Cuando terminó una cabezadita rápida y wualá, estábamos en MENORCA. Desde Ciudadela hasta Mahón, a descargar los refrescos, sin incidendias reseñables, salvo una caja de cervezas de 550ml de una marca alemana o inglesa, ahora no la recuerdo y me da pereza hacerle una foto. El señor de la Coca-cola me señaló unos molinos de viento y me dijo que el lugar de los plásticos estaba casi al lado… Joder, casi al lado, si me estaban cargando justo en la base de uno de ellos.

La fábrica de reciclaje era muy especial, ya de entrada, la báscula era muy pequeña y tuve que pesar el camión en dos veces. Y en esa misma entrada el típico cartel de seguridad, casco, chalecos, botas, etc… Como llegué pronto, aproveché y comí un poco de lomo y una nectarina bien fría que me había llevado de casa y mientras buscaba los EPI (equipos de protección individual). Al llegar el operario, bajé con mi casco amarillo, mi chaleco reflectante y cual fué mi sorpresa que su chaleco de seguridad era una camisa abierta de par en par, el casco era una gorra de Azulejos la menorquina y las botas de seguridad eran una Crock de esas que utiliza mi cuñaillo. Tampoco hubo incidencias en la carga, así que mis temores se disiparon cuando salí de Mahón sobre las 16.30h. En 45m estaría en el puerto de Ciudadela y regresaría a casa, siempre y cuando hubiese sitio en el barco.

Todavía recuerdo, aunque vágamente, mi primer viaje a Menorca, Allí descubrí las cámaras digitales, Xabi, Mateu, Manolo y yo alquilamos un Clio con el que nos recorrimos la isla varias veces en un fin de semana en que nos perdimos nuestro primer Barça-Madrid. (20/21 de septiembre de 1998) Varias cosas vienen a mi memoria, el pinchazo después de hacer un par de trompos, lo que me dijo Mateu cuando cogío el coche “Por fin podré llevar un coche con todo en regla” y aquel momento erótico imaginativo donde una mujer se fue desnudando de toda su ropa blanca poco a poco hasta quedarse libre de cualquier prenda y meterse en el agua. Si mal no recuerdo, nosotros acabamos igual, Espero que Manolo o Mateu me lo confirmen.

Menorca es un sitio raro, no es el lugar donde uno dice que se ha parado el cervezatiempo, pero las casas, las carreteras y todo tiene algo especial, están hechas así como hace muchos años, pero parece que no lo hacen a propósito y no es que tampoco quieran emular una moda retro en las construcción, hay cortijos enormes o Possesions y todo encaja perfectamente con el entorno y con lo que le rodea. A Menorca no le sobra ni le falta de nada, bueno, eso si quieres vivir en la más absoluta tranquilidad y alejado de ciudades, complicaciones, y demás ajetreos de la vida moderna. Menorca es un lugar para perderte y que tu alma y tu corazón también se pierdan, pero por separado.

Al llegar a Ciudadela tuve poco tiempo para pasear, suerte tuve de que falló un camión y el mío entraba sin problemas. Comencé a andar bajo un calor axfisiante, vi un Mercedes funerario antiquísimo, de los 80 más o menos, pero tampoco era plan de ponerme a hacerle fotos con el ataúd dentro. Anque tengo que reconocer que estuve casi a punto de esperar a que lo sacaran para inmortalizarlo. Mal simil el de la inmortalidad cuando hablo de un coche fúnebre, pero bueno, no conocía al difunto, sólo sé que era el padre de una compañera de trabajo de una embarzada que salía de cuentas a finales de septiembre. (escuché una mini conversación mientras esperaba para hacer la foto)

Cuando regresaba al puerto, escuché con un acento muy Granaíno la siguiente frase “la culpa de todo la tiene él” Dos hombres mayores me señalaban de manera acusatoria mientras se reían.  Esos dos seres humanos eran mis compis de crucero, uno un añejo granaíno de Dehesas Viejas y el otro el hermano del que regenta el Rte Las Vegas en Alendín. Estuvimos hablando un buen rato hasta que me fuí al camión a intentar terminar EL CÓDIGO DA VINCI, que no es que sea una novela que me apasione, pero me la prestaron y me quedaba muy poquito para leer.

Cuando entré en el barco fuí directamente al comedor, bueno a la mesa que nos ponen a los camioneros, REZABA A DIOS Y A TODOS LOS SANTOS DE TODAS LAS RELIGIONES que la comida fuese “comible” estaba hambriento y la naviera me puteaba con los alimentos. El enorme camarero empezó a traer bandejas y yo a frotarme los ojos: Arroz a la cubana, pinchito con patatas fritas, botellas de agua fría, natillas fresquitas y un trato exquisito. Como diría un inglés: Oh my god, I Can´t Bealivit, o lo que es lo mismo, vamos que estaba flipando. El camarero iba repasando los nobres de los seis comensales y exceptuándome a mi, todos tenía García en alguno de sus dos apellidos. La comida me sabía gloria, y mientras ellos arreglaban el mundo con los sueldos de los políticos, los fichajes del Madrid y no sé que historias más, yo miraba el sol que se ocultaba en el horizonte, hacía mucho que no disfrutaba de una puesta de sol en el mediterráneo y hacía mucho que no disfrutaba de una buena cena en esa naviera. El día llegaba a su fin, pero a mi me quedaba lo mejor de todo, llegar a casa y abrazar a mi Turpi.

PD: Al final le he tenido que hacer una foto a la cerveza, ya que mi suegro me pedía hasta el código de barras de la susodicha bebida de cebada. Besitos.

3 comentarios to “Menorca y Coca-cola”

  1. jesusvil Says:

    ok, sigue escribiendo.

  2. Mateu Says:

    Pero que bién escribes, Ventura!

    Lo de s’streptease de sa tia de blanc ho degueres sominar. En pilotes sí que record que mos hi banyavem.

    Una aferrada

  3. Mateu, discripo con tu memoria, recuerdo perfectamente lo de la mujer del biquini blanco, porque parecía que obedecía a mis más eróticos pensamientos, el paso que daba ella quitándose la ropa, lo había programado antes en mi mente de adolescente.

    De totes maneres m´alegro molt del teu comentari. I gracies per les teves paraules.

    Petons.

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