Mientras espero…

He perdido la buena costumbre de llevarme la cámara de fotos. Y ayer la volví a necesitar.

Estaba en un polígono, uno pequeñito de un pequeño pueblo de la isla de Mallorca, esperando órdenes con la furgoneta en la última calle para ir a un sitio u otro. En esas que veo una mujer mayor, peinaba canas, con unos pantalones vaqueros anchos, una camisa de manga larga a cuadros y unas zapatillas de deporte compradas en cualquier mercado de pueblo, a su vestimenta le acompañaban una gafas sencillas y pequeñas y un terriblle cigarro que la estaba mantando lenta y dolorosamente.

La susodicha miraba y miraba y volvía a mirar algo casi de manera hipnotizada. Podía intuir lo que era, ya que estaba delante de una nave donde se vende coches de segunda mano y de vez en cuando te encuentras alguna que otra joyita.

La joya en cuestión era un Ferrari F430 rojo corsa con asientos de cuero negros. La señora estudiaba cada centímetro del coche, sólo apartó su vista un segundo para buscar otro cigarro de su bolso. Parecía que estuviese buscando algún rayajo o una partícula subatómica, era increible. No parecía una apasionada al uso de este tipo de vehículos, pero estuvo más de 15m, más que todo el tiempo que estuve esperando la llamadas de mi jefe.

Decidí bajarme y hechar una ojeada, al fin y al cabo, un Ferrari es un Ferrari y el F430 es de la generación anterior a la que se vende actualmente, por lo que no me atrevería a llamarlo Feo. Soy un ser humano andaluz que habla hasta con las piedras, pero algo sobrenatural me impidió abrir mi boca y pronunciar palabra cuando rodeé el coche y a la señora. Me detuve en el motor y en las grandes levas del cambio. Sin más, volví a la furgoneta a seguir observando aquella espectadora.

Sonó el teléfono y simplemente oí “espera un poco más” No pensaba moverme de ahí. En esas que la mujer saca una cámara de fotos de su bolso y por fin empieza a inmortalizar el coche. El teléfono vuelve a sonar y me las piro casimiro.

No le hubiese hecho ninguna foto al Ferrari, ya que tengo fotos suficientes hasta de las pinzas de freno. Pero la aptitud de la señora me dejó totalmente descuadrado.

La foto no corresponde a ese coche, es mi primer coche. Un Mehari y también fue protagonista ayer. Me paro en un campo de fútbol que estaba a las afueras de otro pueblo y estaba cerrado. De repente aparece un Mehari blanco, me pregunta si voy al polideportivo y al responderle afirmativamente, agarra su teléfono táctil y llama para que pueda entregar la mercancia. El tío, el ser humano, el mozalbete pasaba por allí y conocía al encargado.

Otra historia más de camiones furgonetas y derivados.

Pasad un buen fin de semana que hoy es 1 de mayo.

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