Paulina, Alejandro, el extranjero y el bus

No considero el coche como vehículo de transporte, lo podría calificar como juguete, como aparato de divertimento, etc, Lo calificaría de cualquier cosa menos de herramienta para los desplazamientos. Con esta premisa, quiero añadir que soy un adicto al transporte público. Me encanta montarme en un autobús y recorrer la ciudad, sea Palma, sea Granada, sea cual sea.

Es curioso como dentro de ese ir y venir de seres humanos, alguno de ellos me atrevería a calificarlos de hasta personas, puedo encontrar grandes momentos de paz y sosiego, independientemente del ruido que realicen mis compañeros de viaje. Incluso y saltándome las normas más elementales de educación, pongo atención a las conversaciones de los más cercanos, y hay temas realmente buenos.

Ayer cogí un autobús de la universidad a casa, en vez de bajarme en la parada lógica, esperé a que el autobús diese toda la vuelta a Palma capital y disfrutar de un día soleado y dos conversaciones(*)

La primera era un pique entre dos niñatillas de quien había estado en más países, la segunda, también de adolescentes amores y desamores de una tal Valentina. Todo transcurría con normalidad, la gente subía, la gente bajaba, muchos de ellos con sus walksman, otros con sus libros, unos de verano, otros de primavera, y el sol seguía acompañándonos durante todo el trayecto.

Pero, pero……. Faltando dos o tres paradas para mi parada, se ha subido un señor, de unos 23 años, extranjero, con un castellano bastante básico y en vez de escuchar a Paulina Rubio y a Alejandro Sanz con sus auriculares como todo hijo de vecino, lo hacía con el altavoz del teléfono y como única barrera sónica entre la terminal y mis aparato auditivo estaba la capucha de su cazadora, que aunque el termómetro marcase 24 grados centígrados. (75.2 Farenheit, para mis compis de abanderados por la Union Jack) el muy simpático llevaba cazadora. No solo(**) eso, sino que además se ha puesto a cantar. La joven muchacha de grandes gafas roja que estaba sentada en unos asientos que se enfrentaban con el mío, movía la cabeza de un lado para otro cada vez que llegaba algún que otro estribillo.

Desde aquí mis más sinceros agradecimientos a ese desconocido que ha acabado con mi paz interior y ha sacado mi lado más violento. Pegarle, lo que se dice pergarle, no, entre otras cosas porque me hubiese dado una paliza y yo soy un tipo pacifista y todas esas cosas, pero que no le quepa la menor duda a nadie que me he acordado de su madre y de algún que otro fallecido.

En casos como estos, yo cojo mis auriculares y problema resuelto, pero los tenía en casa así que, AJO Y AGUA!!!

Dos cosas, o lo que es lo mismo, dos asteriscos.

(*) Conversaciones: Me he tirado 25 minutos buscando esa palabra, escribía una y otra vez “conservaciones” ¿principio de dislexia? ¿acojone mental?

(**) Sólo o solo, a mi me gusta más con acento, pero bueno, hay que intentar escribir bien, para que a uno no lo tache de inculto y de “poco estudiao”

Creo que ya está todo. Muchos besos y sed felices.

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