Pepi y los animales de compañía

Veníamos mi señora esposa y yo del supermercado y hemos visto un pajarito cerca del coche, le he preguntado de broma si lo adoptábamos para suplir la ausencia de Julius…

Una cosa ha llevado a la otra y ha empezado a contarme historias de Pepi y sus mascotas. Pepi no es el nombre real de la protagonista, pero todas las historias que ahora relato son ciertas como la vida misma.

Vamos con Pepi.

Su relación con los animales de compañía empieza en una temprana edad. Sus padres le regalaron un pez de colores que puso en una bonita pecera esférica. Un día, al llegar del colegio el pez había desaparecido de su vivienda. Comenzó a preguntar a todo el mundo, a su madre, a su padre, a su hermano, a su abuela y nadie supo donde estaba el dichoso pez. Lo único que tenía era una pecera vacía.

Pasaron los días y su madre haciendo limpieza se encontró con el cuerpo sin vida del desaparecido. Estaba debajo de la cama y nadie sabía cómo había llegado allí. Pepi, se entristeció mucho, por lo que su padre le compró otro pez. A los pocos días, el segundo pez volvío a desaparecer. El resultado fue el mismo. Pez fallecido y debajo de la cama. 3º pez. Estando Pepi en su habitación ve al pez saltar fuera de la pecera, por lo que descubre el motivo de los dos supuestos pecicidios anteriores, por suerte a éste lo pudo salvar a tiempo. Agarró a la criatura, aún con vida y la introdujo de nuevo en la pecera. Corre, corriendo fue a la cocina a buscar una tapadera provista de agujeros para tapar la pecera y al mismo tiempo dar oportunidad a la pequeña criatura de hacer su función respiratoria.

Pepi vivía feliz y tranquila con esa solución, hasta que un día se le olvidó tapar la pecera. Al llegar del colegio: PEZ MUERTO. Conclusión: Suicidio masivo de peces.

Pepi seguía en su empeño de ser la propietaria de una mascota del reino animal. Turno de los Hámsters.

En este caso ella no era la propietaría legítima de los desdichados roedores. Una amiga suya se fue de viaje una semana y le dejó a su cargo una pareja de estos roedores, un macho y una hembra embarazada con un listado de indicaciones para su ciudado, cosa que Pepi hizo religiosamente. Paseos fuera de la jaula, cambio de comida diaria, en fin, todo lo que la amiga le indicó que hiciese.

Todo iba bien, hasta que uno de los ratoncillos le dio un ataque de pereza y no quería despertarse. Pepi se fue al colegio, al llegar el Hámster seguía “durmiendo”. Llamó triste y desconsoladamente a su padre el cual le respondío con el animal en la mano: “Este está muerto” Acto seguido lo lanzó al cubo de la basura sin más miramientos. La amiga de Pepi, nunca más le volvió a dirigir la palabra. Había perdido a su Hámster hembra y embarazada.

Mañana seguiré con la segunda parte.

Besos a todos.

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