La gimnasta y el anciano

Desde que tengo a Darwin paso más tiempo en el parque de la Riera que en ningún otro sitio del mundo. Y quieras o no vas conociendo gente con los mismo horarios o con los mismos hábitos. De un tiempo atrás he visto algo que me ha llamado poderosamente la atención. Puede que sea un comentario discrimiantorio de manera positiva o negativa, si es el caso pido disculpas a las personas o colectivos que pueda ofender, ya que no es mi intención.

Como he escrito en el párrafo anterior algo hacía que me “descuidase” por momentos del cansino de mi perro para ver soprendido como una mujer que tendría más de cuatro décadas a sus espaldas practicaba deporte en el susodicho parque, y utilizaba cada aparato que hay colocado a lo largo del mismo de manera enérgica y haciendo repeticiones en cada ejercicio. Lamentablemente no sería “raro” si esa mujer no estuviese vestida con una túnica larga y un pañuelo que cubría su cabello. Nos guste más o nos guste menos, ver una mujer musulmana de mediana edad haciendo gimnasia ataviada con sus ropas habituales, llama la atención. Ojalá fuese algo más habitual.

Pero hoy esa imagen que tengo de Noor* ha sido más sorprendente que la de otros días, y es aquí donde entra el segundo protagonista de esta historia. Manolo*. Un hombre que peinaba canas hace mucho tiempo y que seguramente el primer número de su edad era un 6 o un 7. Vestía con el típico chándal Adidas negro con las rayas longitudinales a lo largo de las mangas de la parte de arriba y por todo el lateral de la pierna. Sus zapatillas eran blanca impolutas que tenían dos tiras de velcro a modo de cordones, y nada de una gorra de marca ni una cinta para el pelo, no… Una gorra de abuelo de las de toda la vida. De esas de tela a cuadros en varias tonalidades grises.

Y Noor y Manolo se conocen,

Y Noor y Manolo hablan,

Y Noor y Manolo comentan los ejercicios,

Y Noor y Manolo son amigos,

Y Noor y Manolo alternan los aparatos,

Y Noor y Manolo…

En la mente de cada uno puede ocurrir miles de cosas con estos dos personajes que son tan reales como el Parque en el que se encuentran y que lo único que tienen de falso es el nombre que yo les he puesto. Aun sabiendo sus nombres auténticos, tampoco los hubiese escrito.

En mi mente andaluza qué ocurre, qué pasa, qué se imagina…

Pues que Noor y Manolo se conocen,

que Noor y Manolo hablan…

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