Una televisión y una madre

Allá por los años 90 a las Islas Baleares llegaron una cantidad ingesta de familias procedentes de TV SharpAndalucía y otros lugares del Estado Español. Una de esas familia era la de este ser humano que hoy, domingo día 9 de diciembre, escribe esta entrada en un ordenador viejo, lento pero que a mi me va de escándalo.

Recuerdo con cariño aquellos primeros años en Son Servera, un pequeño pueblo en la parte oriental de la Isla. Mis primeros amigos, (Manolo, Jose Antonio, César, Solla...), mi bicicleta Lucía, con una pegatina de la bandera de Andalucía que quité de una señal de tráfico de las carreteras de Guadix, mis primera habitación con el póster de los Sauber Mercedes, que fueron los “culpables” de que me enamorase de Las 24 horas de Le Mans, recuerdo muchas cosas.

Esa imagen o esa situación vista a día de hoy resulta mucho más compleja y quizás no tan idílica, si lo miramos desde el prisma de uno padres que salieron de su tierra natal en busca de un  futuro mejor para sus hijos.

Una de las primeras cosas que se compró en aquella casa de alquiler de la Calle Jaume Cursach fue una TV. La protagonista de esta historia.

Por aquellos años Bola de Dragón, las Tortugas Ninja y después Transworld Sport eran programas que no podía perderme por nada en el mundo. Luego series como Cristal y La Dama de Rosa también eran entretenimiento familiar. Amén del Fútbol y en especial El REAL MADRID.

Aquella TV, como tantas otras unía en mayor o menor medida a mi familia y supongo que se le cogió cariño, tanto es así que yo le pedí a mi madre que cuando ella abandonase el mundo de los vivos me la dejase en herencia. Iluso de mi y de mis conocimientos de las tecnologías…

PT CruiserAl cabo de unos años, de muchos años y de muchas vueltas en la vida mía acabé viviendo en Palma capital y esa TV era la que se empleaba en mi hogar de la misma manera que se hizo en el hogar de mis padres. El tiempo transcurría y al comprar este pequeño piso sito en Palma de Mallorca, hizo el mismo camino que todos mis chismes y nos duró otros dos o tres años más.

Entre mis muchos defectos, uno de ellos es que posiblemente algún día sufra el síndrome de Diógenes, para que nos vamos a engañar…

Al comprar una nueva TV, entre otras cosas porque en esa vieja Sharp ya no se veía la pantalla completa y los trozos en los que se intuía la imagen eran de color morado, no me deshice de ella. Directamente al trastero. Me cuesta horrores desahacerme de ella y de cualquier chisme que haya estado en mi vida.

Una de las haciendas de este puente es poner el árbol de navidad, se llama Lenguetazos, y como cada año es la excusa perfecta para reorganizar el trastero, y me decidí a tirarla de una vez por todas junto a un vídeo, varios aparatos de TDT y un montón más de cosas inservibles. Pero antes llamé a la madre que me parió…

Marco el número y sale como siempre el “quien te cuida, como yo, quien te ….” de Carlos Baute. Cosas de mi madre.

– Carmelita, ¿puedo tirar la tv a la basura?

– ¿todavía no la has tirado? Anda tírala ya y no guardes más mierdas

Efectivamente, como era de esperar la TV sige arrinonada en el trasero. Sigo conservando un trasto viejo, inservible, que ocupa un espacio importante en el pequeño trastero de mi vida y no consigo llevarla al contendor. Y ya son unos 20 años…

Besos y feliz domingo.

Una respuesta to “Una televisión y una madre”

  1. […] Pt Cruiser, Son Servera. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0 Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio […]

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