Pique

En una fría y lluviosa mañana de sábado, andaba este andaluz trabajando con su camioncillo cargado hasta el hueco de la radio, unos 40.000kgs, tonelada arriba, tonelada abajo. El aire calentito del salpicadero ya empezaba a desentumercer mis manos repletas de dedos y alguna cicatriz hecha con la barra de un toallero.

Saldo del Dique del Oeste y encaro el paseo marítimo con alegría y buen humor, la vida es diversión es una canción, 1, 2, … me he colado. Perdón.

Como decía, al ponerse el semáforo en verde el Scania 480 que conducía en ese momento decide por él mismo salir en tercera o cuarta, está bien si así lo quiere. Empiezo a acelerar para ir cogiendo ritmo y tras girar la primera curva a la izquierda, dejando la mediterrànea a mi derecha me vuelvo a plantar en otro semáforo.

A mi lado un Mercedes 200 SLK negro y capotado.

El conductor, Pedro, de cincuenta y pocos años, se baja y me saluda cortesmente.

– Buenos días, joven conductor de camión, mi nombre es Pedro, tengo 53 años, soy Licenciado en Ingeniería Informática por la UOC y esta es mi mujer Carlota.

En esas, que la señora, muy elegante ella, se baja del descapotable, y por ende y por educación, yo hago lo propio. Me da dos besos y confirma los datos que me ha dado su marido. Su olor era intenso sin llegar a ser molesto y sin ser un entendido en ropa, iba vestida muy elegantemente. Comenzamos hablar del tiempo, de las rebajas y incluso de la fluctuación de la moneda en Uruguay, así, tal cual, como el que no quiere la cosa. Me di cuenta de que no me había presentado, por lo que lo hice en cuanto tuve oportunidad.

– Me alegro de conocerla, soy Buenaventura, este es mi camión, soy Andaluz y tengo un perro que se llama Darwin. ¿Para qué me han parado? No es que quiera ser descortés, es que estoy trabajando y esperan la carga como agua de mayo.

Pedro me responde.

– Nada importante. Que hemos salido de nuestra casa y vamos a ver a Silvia, nuestra hija mayor…

En ese momento Carlota me muestra una fotografía de toda la familia, incluído Micifú, un gato persa con mala cara, y acto seguido, continúa hablando.

– … y le he dicho a mi señora esposa, hoy nos vamos a picar con un camión.

– Pedro, le digo yo cortesmente, que tú llevas un Mercedes y yo un camión. No sería un pique justo.

– Llevas razón ¿Buenaventura? ¿Es así tu nombre?

– Sí a todo.

– No pasa nada, en cuanto se ponga el semáforo en verde nos picamos hasta el otro semáforo.

Acepté dada la insistencia del matrimonio. Y una vez estrechada la mano al tal Pedro y habiéndole dado dos besos más a Carlota y los pertinentes recuerdos a su hija Silvia y a su gato Misifú, subo al camión esperando la luz verde para que la carrera entre un Mercedes 200 SLK y mi Scania dé comienzo.

Empieza a parpadear el muñequito verde.

El corarón míó andaluz empiez a latir más rápido.

VERDE.

El coche arranca y lo pierdo de vista.

Más nunca supe de la vida de Pedro, ni de Carlota, ni de su hija Silvia. Bien es cierto que con el paso de los años llegaría a enterarme de que Misifú era en realidad un gato de la CIA que ocultaba bajo sus pelajes información confidencial sobre datos financieros de Malta, Chipre y la zona sur de Italia.

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