Moranta. Regreso al oasis

DSC_0188Al levantarme hoy no tenía planes concretos que hacer después del trabajo. Van surgiendo solos, a veces se cumplen, otras no. Pero como en la mayoría de las ocasiones, la diosa Fortuna ha lanzado sus dados y a modo de llamada telefónica ha trastocado todos mis quehaceres lúdicos que tenía para esta jornada.

He acabado en Son Servera comiendo en el bar de mis Hermanas, y después he visto que era temprano, tenía gasolina en el coche, la cámara de fotos con la batería cargada, el aire acondicionado en el punto óptimo y un cedé de Mike Olfield y músicas varias, de esas cancioncillas que me pongo para conducir. Por lo tanto, blanco y en botella… Calcio 20. Allá que nos hemos ido mi pequeño coche y yo.

La línea recta es el camino más corto entre dos puntos, pero reconozcámoslo, también el más aburrido y tedioso. Así queDSC_0180 de Son Servera he ido hacia Artá por la carretera de los lavaderos 6 kms de muchas curvas cerradas, asfalto en “mal estado” y el cuenta revoluciones llegando hasta la zona roja en cada cambio de marcha. Una delicia.

De ahí hasta Muro, Sa Pobla y Santa Margarita. Donde he parado en uno de mis lugares favoritos de la isla. EL MORANTA. Un lugar mágico y delicioso donde por mucho que lo describa o intente describirlo, no encontraré nunca las palabras adecuadas para dejar constancia escrita de lo que es y de como me siento en ese lugar. Hace ya unos seis años lo intenté, fue de mis primeras  entradas en esta bitácora.

Como siempre los dos abuelillos que lo regentan, me han preguntado por mis camiones y por Ricardo, mi compañero de fatigas y de carreteras. No he estado más de media hora. O quizás he estado una eternidad y no me he enterado. El viento que soplaba mientras me tomaba mi cafelillo en esa mesa de piedra atemperaba el ambiente hasta dar con el equilibrio justo de fresquito primaveral aderezado con un calor susurrante típico de una noche de San Juan.

Volver al Moranta es volver a conducir miles de kilómetros sentado en una silla de hierro, en vez de una asiento con suspensión de aire en un viejo cacharro cuyo aire acondicionado eran dos ventanillas abiertas, eso sí, con un “peazo” caset que le puse con MP3 para mis largas jornadas de aquellos primeros trabajos de desmontes y transportes de escombros reciclados. Eran otros tiempos. Eran otros camiones.

DSC_0182El Moranta sigue igual.

Después de mi cafelillo, mi conversación con los abuelillos he puesto rumbo a la capital, con la única condición impuesta de no ir por carreteras principales, así que entre caminos y más caminos he llegado a mi destino.

Mientras mi Turpi prepara la cena, Darwin está tumbado debajo de la mesa del ordenador cansado del enorme paseo, yo escribo esto para recordar, una vez más, mis inicios laborales en este mundo que es el mío, que es el que yo he elegido y que pocas cosas, por no decir ninguna, me gustan más que conducir. Y que si soy camionero es porque quiero, porque puedo y porque ha sido de esos sueños que he cumplido en la vida.

Me gusta ser camionero

Me gusta ir al Moranta.

Aquí os dejo aquella entrada que escribí en su momento.

https://soyandaluz.wordpress.com/2008/08/05/mi-pequeno-oasis/

PD: Después he visto un Bentley Continental GT, pero eso ya forma parte de otra historia que algún día contaré.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: