Fiat 500. Amor al primer kilómetro

IMG-20150306-WA0004En esta vida que me ha tocado vivir, no he podido conducir muchos coches, es más, aunque hubiese conducido mil, seguiría pensando lo mismo.

Estos días he tenido a mi pequeño José Luís en el mecánico, para quien no lo sepa es mi coche. Las circunstancias me han obligado a alquilar uno, pensando que la experiencia sería tan desastrosa como la última vez que me vi en esa tesitura. Un bonito, pero horroroso Nissan Micra que a 100 kms por hora me daba más inseguridad que hacer puenting sin cuerdas…

Y aquí llegó el amor.

Realmente aquí me encontré con el amor. Desde que se reeditara hace unos cuantos años, el Fiat 500 me pareció un coche precioso, tanto por dentro como por fuera, y desde mi más humilde criterio, pocos vehículos pueden presumir de esa binomio. Los hay que son una preciosidad fuera, y horribles por dentro y me imagino que alguno habrá al contrario, pero ahora mismo no lo recuerdo.

Lo dicho, que alquilamos un Fiat 500.

Sencillamente perfecto. Con poco más de 700 kms en el marcador y las indicaciones de la pantalla en alemán, me sacó una sonrisa desde el primer tramo, esa sonrisa se transformó en carcajada, luego incluso llegaron las famosas mariposas al estómago. No me lo podía creer, ese pequeño utilitario era tan bueno en carretera como bonito lo era en su conjunto.

¿el sonido del motor?

Una delicia. Un pequeño 1.2 de 69cv. Ronroneaba como un fiero cachorro de Tigre de Bengala, que al final era solo eso, un pequeño cachorro. Dándote ganas de estar jugueteando con él hasta que el cansancio o el sentido común te dijese basta.

¿la conducción?

Me remito al sonido o a la estética. Para ser tan pequeño, y con esa forma ahuevada, se movía cual ratón perseguido por ese cachorro que ronroneaba exigiendo mimos infinitos a cualquier ser humano que pasase por al lado. Estabilidad, consumos, maniobrabilidad, etc, nada que destacase de forma negativa sobre el conjunto.

¿me lo compraría?

Sin lugar a dudas, pero la versión Cabrio. Todos los que somos unos frikis o unos obsesionados de este mundo de las cuatro ruedas tenemos un GARAJE IDEAL, pues hasta hace una semana, el coche más pequeño, o al menos el menos grande que tenía en ese garaje era mi Citroën C2. Desde hoy hay un huequecillo para ALFREDO, ese Fiat 500 que a pesar de estar conmigo solo una semana, tendrá un lugar privilegiado en mi corazón andaluz. Quien sabe que aventuras y desventuras me depararán las carreteras del mundo, pero es bien seguro que algún día quiero volver a tener esa magnífica y enriquecedora experiencia de conducir algo tan exquisito como ese Fiat 500.

Gracias FIAT por hacer que mis deseos automovilísticos sean más terrenales y por construir esas pequeñas joyas.

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