Cuando María de la O encontró a La Zarzamora

Estaba un día María de la O cansada, aburrida y harta de su fondo de armario repleto de “vestíos” de seda, Así que ni corta ni perezosa se montó en su coche y antes de darle al botón de arranque puso una dirección en el GPS

CAFÉ DEL LEVANTE.

Después de unos cuantos kilómetros se presentó en dicho local y lo primero que hizo fue preguntar por la famosa Zarzamora. No estaba llorando por los rincones, estaba en la esquina de la barra tomando una cocacola con una tapa de carne en salsa, pero ésta, estaba intacta.

-Hola buenas, soy María de la O

-La de la……

-Si, la de la copla. Y he venido a rescatarte, de payos, de gitanos, y de cualquier hombre que se mofe o se aproveche de nosotras.

-Pero….

-Ni pero ni gaitas

Plantóle un ósculo largo, profundo, húmedo, sensual, placentero, sorpresivo, agradable, dulce, suave, picante…. y mil adjetivos más que ningún hombre en todo sus años de vida hizo con La Zarzamora.

Ella entre la sorpresa y el placer solo puso reparos los primeros segundos, después se dejo llevar.

Atónito quedó el Café del Levante .

-Venga coge lo que tengas a mano que nos vamos de aquí.

-¿a lo Telma y Luís?

-NO!!!! A lo María de la O y a la Zarzamora, que somos andaluzas.

-Ea, pues no se hable más.

Dejó la Cocacola a medias, y evidentemente la tapa ni la tocó, luego el camarero la aprovechó para otro cliente, pero ese no es un asunto primordial en esta historia, así que no daré más detalles.

-Tengo el coche aparcado en el carga y descarga de ahí en frente, así que démonos prisa.

El vehículo en cuestión era un Bentley Continental GTC color verde y con el interior bicolor, Negro y Marrón. La versión V8, la elegancia no iba reñida a la potencia, así que María de la O prefirió en su momento prescindir de esos 4 cilindros de más del W12.

Volvió pulsar el botón de arranque y esta vez no tecleó nada en el GPS.

Antes de iniciar la marcha, La Zarzamora le pidió entre una gran vergüenza y un gran deseo lascivo otro de esos besos que le dio en el Levante.

María de la O no solo aceptó sin reparos, sino que además acompañó ese gesto de amor y lujuria con una leve caricia por debajo del vestido de lunares que llevaba su compañera.

– ¿a dónde vamos? Preguntó la Zarzamora.

– Lo primero de todo a comprarnos unas NEW BALANCE, que son muy buenas para conducir y estoy hasta el moño de llevar tacones.

No voy a decir que se compraron las zapatillas del mismo modelo y color, porque faltaría a la verdad, pero si que tenían un aspecto similar.

Nunca más se supo de estas dos gitanas que abandonaron su sumisas y monótonas vidas. Aunque dicen las malas lenguas que por el norte de Europa, allá por tierras de fiordos, entraron dos nuevas jugadoras de Curling en el equipo olímpico cuyos nombres no sabría reproducir y cuyos cabellos eran más negros y más oscuros que una eterna noche.

Muy lejos de allí, pero muy lejos… Una portuguesa llamada también María, esperaba con una bendita paciencia a que el cartero le trajese buenas nuevas de dos amigas en la distancia y que la convirtieron en la única conocedora de su real historia y testigo silencioso de un amor renacido y fecundado por las desdichas de otras personas.

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